Qué hace este compresor por dentro (y qué no hace)
Cuando eliges una foto, la imagen no sale de tu ordenador. El navegador la decodifica en memoria, la vuelve a dibujar sobre un lienzo con el mismo ancho y alto del original y la vuelve a codificar en JPG, PNG o WebP con la calidad que marques en el deslizador. El ahorro que aparece bajo la vista previa es una resta real de bytes: peso del archivo original menos peso del archivo nuevo.
Eso significa tres cosas que conviene tener claras antes de usarlo:
- No cambia las dimensiones. Una foto de 4032 × 3024 píxeles sigue siendo de 4032 × 3024 píxeles. Si tu problema es que la imagen es demasiado grande en píxeles, comprimir no lo arregla: hay que redimensionar.
- No recorta ni endereza. No hay recorte, ni rotación, ni enfoque. Solo recompresión.
- Sí elimina los metadatos. Al volver a codificar se pierden los datos EXIF: modelo de cámara, fecha de la foto y coordenadas GPS. La orientación no se pierde, porque el navegador ya la ha aplicado al dibujar la imagen.
De ahí sale una consecuencia práctica: cuanto menos comprimido esté el archivo original, más margen hay para bajar. Si la foto ya pasó por WhatsApp o por un chat, lo más probable es que venga muy comprimida y la ganancia sea pequeña, incluso nula.
Cuánto baja el peso en la práctica
Las cifras de la tabla son órdenes de magnitud medidos con el deslizador en 80 y salida JPG. No son una promesa: dos fotos del mismo tamaño pueden acabar en pesos muy distintos según el detalle que tengan. Una pared de ladrillos, la hierba o una tela con textura pesan mucho más que un cielo liso o un fondo de estudio.
Fíjate en la última fila: cuando el archivo de partida ya viene comprimido, el porcentaje de ahorro se desploma. Es lo esperable, no un fallo de la herramienta.
Qué nivel de calidad elegir según el destino
El deslizador va de 10 a 100 y arranca en 80. Es el punto en el que la mayoría de fotos dejan de mostrar diferencias visibles en una pantalla normal, así que solo muévelo si tienes un motivo concreto.
Si la foto lleva texto pequeño —un cartel, un menú, una captura de documento— no bajes de 85 aunque el archivo pese más. La compresión castiga justo los bordes de las letras, y ahí se nota antes que en un paisaje.
Cómo dejar un archivo en un peso concreto
Esta herramienta no tiene un campo de peso objetivo: el deslizador controla la calidad, no los kilobytes. Aun así se llega a una cifra concreta en dos o tres intentos, que es lo que suele hacer falta cuando un formulario exige un máximo.
- Deja la calidad en 80 y mira el dato Tamaño comprimido que aparece bajo la vista previa.
- Si sigue por encima del tope, baja diez puntos y vuelve a mirar. Si sobra mucho, sube diez.
- Cuando estés cerca, ajusta de cinco en cinco hasta quedar por debajo del límite sin alejarte de él.
Hay un caso en el que mover el deslizador apenas sirve: fotos con mucho ruido o muchísimo detalle fino, donde bajar de 80 a 50 recorta poco. Ahí es más rápido reducir primero los píxeles y comprimir después. Para eso está Redimensionar imagen, y para lo contrario —cuando el peso no importa pero el número de archivos sí— el procesador por lotes.
Límites que conviene conocer antes de usarlo
- El PNG no entiende de calidad. Es un formato sin pérdida: muevas el deslizador o no, el archivo sale igual. Y si partes de un JPG y guardas en PNG, lo normal es que el resultado pese más que el original. Usa PNG solo si necesitas transparencia o colores planos exactos.
- Las transparencias se vuelven negras en JPG. El JPG no tiene canal alfa, así que un logo con fondo transparente sale con el fondo negro. En ese caso elige PNG o WebP.
- El GIF animado pierde la animación. Solo se conserva el primer fotograma. Para moverte con animaciones hace falta una herramienta específica.
- El HEIC del iPhone no se abre en la mayoría de navegadores de escritorio. Pasa antes por un conversor de formato.
- De uno en uno. Aquí se procesa una imagen por vez; para veinte o cincuenta, usa el procesador por lotes.
- No es un compresor de PDF. Si lo que pesa es el documento, esto no lo toca.
- Archivos gigantes. No hay un tope fijo en el código: el límite real es la memoria del navegador. Por debajo de 50 MB suele ir bien; a partir de ahí, una foto de 100 MB puede dejar la pestaña colgada.
Si algo no funciona
- El peso no baja. Casi siempre es una de estas tres: el original ya venía comprimido, la salida está en PNG o la calidad sigue en 90 o más.
- El archivo nuevo pesa más que el viejo. Normal al convertir JPG a PNG, o al subir la calidad a 100. Vuelve a JPG y baja a 80.
- Aparece un fondo negro donde había transparencia. Estás exportando a JPG. Cambia el formato de salida.
- La pestaña se queda pensando con una foto enorme. Cierra otras pestañas para liberar memoria y prueba con una copia más pequeña; si el móvil tiene poca RAM, hazlo en el ordenador.
- No aparece la vista previa. El formato no lo abre tu navegador, algo típico con HEIC y con algunos AVIF. Convierte a JPG primero.
Privacidad: qué pasa con tus fotos
Nada sale de tu dispositivo. No hay subida, no hay servidor intermedio y no hay copia en la nube: el archivo se lee del disco, se procesa en memoria y se descarga desde el navegador. Puedes comprobarlo abriendo la pestaña Red de las herramientas de desarrollo mientras comprimes; no verás ninguna petición con la imagen dentro.
Esto importa más de lo que parece. Al recomprimir se borran los datos EXIF, incluidas las coordenadas GPS que muchos móviles graban sin avisar. Si vas a publicar una foto en un anuncio de segunda mano, en una tienda o en un portal de empleo, comprimirla aquí tiene un efecto secundario útil: la foto deja de llevar la ubicación y el modelo de cámara incrustados.